Temporada · Sep 2026 · 7 min lectura
Otoño en Patones de Arriba
La temporada más bonita del pueblo es también la más llena. Aquí va cómo acertar con el día
Reservar mesaHay una semana, normalmente a finales de septiembre, en la que el pueblo cambia. El calor afloja de golpe, el sol entra de lado entre las casas y la pizarra deja de ser gris para volverse de un color difícil de nombrar, entre el plomo y el violeta. Llevamos más de veinticinco años viendo esa semana llegar y todavía nos paramos a mirarla.
Y justo entonces empieza lo otro: el otoño es la temporada fuerte de Patones. De septiembre a diciembre el pueblo se llena. Eso tiene una parte buena y otra que conviene saber antes de coger el coche, y de eso trata este artículo.
El día que elijas
Entre semana es otro pueblo
Patones recibe alrededor de 200.000 visitantes al año y buena parte se concentran en estos meses. En los días de más afluencia llegan a juntarse más de 2.000 vehículos y más de 4.000 personas en un pueblo de 536 habitantes. No hay milagro logístico que resuelva eso: un domingo de octubre a la una del mediodía, el aparcamiento de Patones de Abajo está al límite y la senda de subida parece una romería.
Si puedes elegir el día, ven miércoles, jueves o viernes. Es el mismo pueblo con la mitad de gente: se oye el arroyo, se puede fotografiar una calle entera sin nadie dentro y se come despacio. Nosotros trabajamos todo el año con esa diferencia delante y seguimos sin entender por qué tanta gente insiste en el domingo.
Si solo tienes el fin de semana, la solución es madrugar. Llegar abajo a las diez de la mañana y llegar a la una son dos experiencias distintas del mismo sitio.
Lo que más disgustos evita: lunes y martes cerramos. Miércoles, jueves y viernes abrimos de 11:00 a 17:00; sábados, domingos y festivos, de 11:00 a 19:00. Cada otoño hay alguien que conduce una hora un lunes sin saberlo.
Lo que el otoño desbloquea
Tres caminatas que ahora sí
Estas laderas tienen matorral bajo —jara, romero, aulaga— y muy poca sombra. En julio eso convierte cualquier subida en un castigo. En otoño, exactamente lo contrario: temperatura de caminar, luz larga y el barranco sin el bochorno de agosto.
Vuelta a El Cabezo · la de media mañana
6,6 km · 314 m de desnivel · 2 h · circular · dificultad 2/5
Sales a las diez, vuelves a mediodía y te sientas a comer con hambre de verdad. Es la que recomendamos cuando nos llaman preguntando qué hacer antes de la mesa.
Cancho de la Cabeza · la de las vistas
12-13 km · 550-660 m de desnivel · 4-5 h · dificultad 3/5
La cumbre está a 1.263 metros y con el aire limpio de otoño se ve media Sierra Norte. Es el sendero PR-M 14. Dos avisos que siguen valiendo en noviembre: no hay ni una fuente en toda la ruta y, si ha llovido o nevado, no bajes por el barranco. Tienes la ruta contada entera en su propio artículo.
Pontón de la Oliva · la del río
7,9 km hasta la Presa de la Parra · prácticamente llana · 3 h · dificultad 2/5
Esta es la que gana más con el cambio de estación. El camino va entre fresnos, chopos y alisos siguiendo el río, y es precisamente esa vegetación de ribera la que se pone amarilla en octubre. Al final, la primera presa del Canal de Isabel II, inaugurada en 1858 y vacía desde casi siempre porque la levantaron sobre caliza y el agua se escapaba por las grietas. Lo contamos entero aquí.
Setas
Antes de agacharte a cogerlas
Cada otoño sube gente con cesta, y cada otoño hay quien se lleva un disgusto. La recolección de setas en la Comunidad de Madrid está regulada, y el Cuerpo de Agentes Forestales hace controles de especie, peso y lugar de recolección durante la temporada alta. Lo básico:
Dónde. Solo en montes públicos habilitados y señalizados. En finca privada hace falta el consentimiento del propietario, y buena parte del monte de esta zona lo es. Algunos municipios de la sierra exigen además licencia municipal propia.
Cómo. Las setas se cortan, nunca se arrancan, para que el micelio vuelva a brotar en el mismo sitio. Y se transportan en cesta: nada de bolsa de plástico ni recipiente cerrado, porque las esporas tienen que ir cayendo por el camino. Nada de rastrillar el suelo.
Qué pasa si no. Decomiso y denuncia.
Y el aviso serio: por aquí sale Amanita phalloides, que es mortal y se parece lo bastante a especies comestibles como para haber matado a gente con experiencia. No comas nada que no hayas identificado con total seguridad, y en caso de duda, no lo comas. Nosotros tampoco cocinamos setas que traiga nadie de fuera: no es desconfianza, es que la normativa sanitaria no lo permite.
La alternativa sin riesgo está a pie de calle: revuelto de setas y croquetas caseras de setas los tenemos en carta todo el otoño.
Cuando refresca
La carta cambia sola
Judiones a fuego lento
Con chorizo, morcilla y panceta. En verano se piden por curiosidad; a partir de octubre se piden por necesidad. Es nuestro plato más solicitado del año.
Migas con chorizo y huevo
Comida de pastor, inventada exactamente para el clima que hace aquí en noviembre. Huevo campero encima y pan del día anterior aprovechado como Dios manda.
Setas y trigueros
Revuelto de setas, revuelto de espárragos trigueros y croquetas caseras de setas. Lo que cambia en la carta cuando cambia el monte.
Torrija caramelizada
De pan brioche, caramelizada al momento. Se pide caliente y con las manos frías de haber estado fuera. No hay mejor manera de tomarla.
Si prefieres no pensar, tenemos menú completo por 26 € por persona, IVA incluido: primero, segundo y postre a elegir. Bebida aparte y a mesa completa.
Detalles de otoño
Cuatro cosas que aquí se notan
Refresca antes que en Madrid. Estamos a 832 metros, y las calles estrechas entre casas de pizarra apenas cogen sol directo. A partir de media tarde se agradece la capa de más; si vienes solo con lo puesto porque en la ciudad hacía bueno, lo vas a lamentar.
Anochece pronto. A finales de octubre cambia la hora y a las siete ya es de noche. Si vas a subir al pueblo por la tarde, calcula la bajada con luz: la senda es de piedra irregular y a oscuras no es sitio para improvisar.
El suelo resbala. Con las primeras lluvias, la pizarra mojada y las hojas caídas convierten las cuestas del casco en una pista de patinaje discreta. Calzado cerrado y con suela que agarre; los tacones aquí se sufren en cualquier estación, pero en otoño más.
La luz es la buena. Si has venido a hacer fotos, las dos primeras horas de la mañana y la última de la tarde son incomparables: el sol entra rasante entre las casas y la pizarra se enciende. A mediodía, el mismo pueblo se ve plano.
Dudas habituales
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la mejor época para visitar Patones de Arriba?
El otoño, sin discusión: temperatura para caminar, luz baja y el pueblo en su mejor color. El único inconveniente es que todo el mundo piensa lo mismo, así que si puedes, elige miércoles, jueves o viernes.
¿Puedo coger setas por la zona?
Solo en montes públicos habilitados y señalizados, y en finca privada con permiso del dueño. Se cortan, no se arrancan, y se llevan en cesta. Los Agentes Forestales controlan especie, peso y lugar, y el incumplimiento termina en decomiso y denuncia.
¿Me cocináis las setas que he cogido?
No podemos: la normativa sanitaria no permite cocinar producto que no venga de proveedor registrado. Pero tenemos revuelto de setas y croquetas caseras de setas en carta.
¿Hay que reservar?
En otoño, sí, y cuanto antes. Los fines de semana se llenan. Reserva en reservas.elbodegondepatones.com o llámanos al +34 620 257 271.
¿Dónde aparco?
Abajo, en Patones de Abajo, y se sube a pie. El casco de Patones de Arriba es peatonal. Lo explicamos con detalle en antes de subir a comer y en dónde aparcar.
Temporada de cuchara
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Cocina tradicional madrileña en Patones de Arriba, con huerta propia, desde 1999
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