Postres de la casa · Oct 2026 · 4 min lectura
Tarta de violetas casera
El sabor más madrileño que existe, convertido en postre. Ya está en la carta y en el menú
Reservar mesaPregunta a cualquiera por un sabor de Madrid y, después del bocadillo de calamares, casi siempre sale el mismo: la violeta. Esos caramelitos morados que llevan más de un siglo en los bolsillos de los madrileños, que a unos les recuerdan a su abuela y a otros a un perfume antiguo, pero que nadie confunde con otra cosa.
Llevábamos tiempo con la idea de llevar ese sabor a un postre de verdad, de los de sentarse con cuchara después de comer. Este otoño lo hemos hecho: la tarta de violetas casera ya está en nuestra carta de postres y en el menú, junto a la tarta de queso al horno y la torrija.
Un poco de historia
Por qué Madrid huele a violeta
Durante décadas, por las calles del centro de Madrid —Alcalá, la Gran Vía— caminaban las violeteras: mujeres que vendían ramitos de violetas a los paseantes. La flor se volvió tan de la ciudad que acabó pasando al dulce: el caramelo de violeta nació como un homenaje a ella.
Una de las primeras tiendas en venderlos fue la confitería La Violeta, que abrió en 1915 en la plaza de Canalejas, a dos pasos de la Puerta del Sol, y que sigue despachando caramelos hoy. Si alguna vez te has llevado una cajita de recuerdo de Madrid, es muy probable que saliera de ahí o de una tienda parecida.
La violetera tiene hasta canción. La Violetera la compuso José Padilla en 1914 y la hizo famosa Raquel Meller en España y en Francia. La melodía llegó tan lejos que Charles Chaplin la usó en Luces de la ciudad (1931) para la florista ciega de la película… sin citar al compositor, lo que le costó perder un pleito con Padilla unos años después.
En resumen: la violeta es a Madrid lo que el turrón a Jijona. No es solo un sabor, es una forma de decir «esto es de aquí». Y en un restaurante de cocina tradicional madrileña como el nuestro, tenía que estar.
En El Bodegón
Cómo es nuestra tarta
La hacemos en casa, como el resto de nuestros postres. Es una tarta cremosa, con queso crema, y con el aroma floral de la violeta: suave, sin empalagar y con ese color malva que hace que la mesa de al lado pregunte qué es.
Funciona especialmente bien después de un plato contundente —unos judiones, unas migas, un lomo de vaca—, cuando apetece algo dulce pero ligero. Y con un café solo, mejor todavía.
En carta
6,80 €
En el menú
Opción de postre
Alérgenos
Gluten · Huevos · Lácteos
Si estás embarazada: esta tarta no es para ti por ahora, porque lleva queso crema. En nuestra carta para embarazadas tienes la tarta de queso al horno, la torrija o el helado. Y recuerda avisar a tu camarera/o al pedir para que no haya ningún error. Sí es apta para vegetarianos.
Dudas habituales
Preguntas frecuentes
¿Dónde se come tarta de violetas en Patones de Arriba?
En El Bodegón, en la Calle del Arroyo, 15. La tienes en la carta de postres por 6,80 € y como opción de postre en el menú.
¿Qué alérgenos lleva?
Gluten, huevos y lácteos. Es apta para vegetarianos, pero no para veganos. Tienes todos los alérgenos plato a plato en nuestra carta de alérgenos.
¿La puedo tomar si estoy embarazada?
No te la recomendamos, porque lleva queso crema. Como alternativa tienes la tarta de queso al horno, la torrija de pan brioche o el helado, que están en nuestra carta para embarazadas.
¿Por qué la violeta es tan de Madrid?
Por las violeteras que vendían ramitos por las calles del centro. El caramelo de violeta nació como homenaje a esa flor, y la confitería La Violeta, abierta en 1915 en la plaza de Canalejas, fue una de las primeras en venderlo.
Guarda sitio para el postre
Reserva tu mesa en El Bodegón
Cocina tradicional madrileña en Patones de Arriba, con huerta propia, desde 1999
Solicitar Reserva