Bien de Interés Cultural: por qué Patones de Arriba tiene uno de los patrimonios más protegidos de Madrid
El 18 de marzo de 1999, el Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid firmó el Decreto 46/1999, por el que se declaraba Bien de Interés Cultural el Conjunto Histórico de Patones de Arriba. No era un reconocimiento cualquiera: la categoría de BIC es la máxima protección que puede recibir un bien patrimonial en la Comunidad de Madrid. Y Patones de Arriba se la merecía por completo.
¿Qué significa ser Bien de Interés Cultural?
Un Bien de Interés Cultural es el mayor grado de protección legal que existe en España para el patrimonio histórico y cultural. La declaración implica que cualquier intervención en el conjunto —obras, reformas, nuevas construcciones— debe contar con la autorización expresa de la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid. El objetivo es preservar la integridad, la contemplación y la compresión del bien para las generaciones futuras.
En la Comunidad de Madrid comparten esta categoría monumentos como el Palacio Real, el Monasterio de El Escorial o la Puerta de Alcalá. Que un pueblo serrano de apenas cuarenta vecinos permanentes figure en el mismo listado habla muy bien de lo que Patones de Arriba tiene y de lo que ha sabido conservar.
Un pueblo encaramado a 832 metros
El decreto recoge que el asentamiento histórico de Patones de Arriba se halla en un lugar escarpado situado a una altitud de 832 metros, al que se accede desde Patones de Abajo por una angosta carretera. Esa inaccesibilidad, que durante siglos fue un inconveniente para sus habitantes, acabó siendo su mayor tesoro: precisamente por su aislamiento, el pueblo conservó intacta una arquitectura y una manera de construir que en otros lugares desapareció hace mucho.
La declaración abarca la totalidad del casco urbano, incluyendo elementos tan singulares como las eras y los tinados —construcciones tradicionales para el ganado— que forman parte del paisaje urbano histórico del pueblo.
La arquitectura negra: piedra, pizarra y memoria
El elemento más visible y definitorio de Patones de Arriba es su arquitectura negra. Todas las edificaciones del pueblo —muros, cubiertas, suelos, tapias— están construidas con lajas de pizarra, la roca oscura que abunda en la sierra norte madrileña. El resultado es un paisaje urbano de una coherencia visual extraordinaria: el pueblo parece haber crecido orgánicamente de la misma montaña en la que se asienta.
Las casas tienen generalmente dos plantas, con escasos y pequeños vanos recercados con madera. Las cubiertas presentan dos faldones en las edificaciones aisladas, y uno solo en las adosadas, siempre colocado en la dirección de la vertiente de la montaña. Es una arquitectura que responde a la lógica del lugar: el frío, la lluvia, la pendiente y los materiales disponibles dieron forma a un estilo único.
La agrupación de las edificaciones que constituyen el Conjunto Histórico de Patones de Arriba tiene un gran valor etnográfico y ambiental, intróduciéndose en el medio geofísico adaptándose a sus accidentes.
— Decreto 46/1999, Comunidad de Madrid
25 años después: el pueblo que supo preservarse
Han pasado más de 25 años desde aquella declaración y Patones de Arriba sigue siendo lo que era cuando la recibió. Las calles de pizarra, el lavadero medieval, el arroyo, las vistas desde las rocas... todo sigue en su sitio. Eso no es casualidad: es el resultado de una comunidad que ha cuidado su patrimonio y de una normativa que lo ha protegido.
En El Bodegón somos parte de esta historia desde 1999, el mismo año de la declaración BIC. Llevamos un cuarto de siglo cocinando en este pueblo protegido, recibiendo a los visitantes que suben a descubrirlo y siendo testigos de cómo, año tras año, Patones de Arriba sigue sorprendiendo a quien llega por primera vez.
Si todavía no lo has visitado, ahora ya sabes que no estás yendo simplemente a comer o a dar un paseo. Estás visitando uno de los conjuntos históricos más protegidos y mejor conservados de toda la Comunidad de Madrid.
