El Rey de los Patones: la historia del pueblo de Madrid que tuvo su propia monarquía
Cuando visitas Patones de Arriba por primera vez, algo te dice que este lugar no es un pueblo corriente. Las calles de pizarra negra, el silencio, el aire de la sierra norte de Madrid... todo transmite la sensación de que aquí el tiempo se ha movido de otra manera. Y no es una impresión equivocada: durante siglos, Patones de Arriba tuvo su propio rey. No un noble, no un alcalde. Un rey.
El origen: pastores, pizarra y aislamiento
La historia comienza en el siglo XVI, cuando tres hermanos pastores de apellido Patón —Asenjo, Pero y Juan— llegaron desde Uceda y fundaron un pequeño núcleo en lo alto de la sierra. De su apellido nació el nombre del pueblo: Patones. En 1555 ya aparece documentado con siete vecinos.
La ubicación era extremadamente remota. Encaramado en las rocas de pizarra, rodeado de barrancos y casi inaccesible para quien no conociera el camino, Patones de Arriba quedó durante siglos al margen de los grandes acontecimientos de la historia. Según la leyenda local, ni los árabes durante la invasión de la península ni las tropas napoleónicas siglos después llegaron a encontrarlo.
¿Por qué un rey?
A principios del siglo XVII, los vecinos de Patones dependían administrativamente de Uceda, una villa a varios kilómetros de distancia a la que tenían que desplazarse a pie para cualquier gestión. Hartos de ese aislamiento burocrático, decidieron organizarse por su cuenta y elegir a uno de los suyos para que les gobernara, impartiera justicia y los representara ante el exterior.
Así nació la figura del Rey de los Patones: un vecino elegido por la comunidad, cuyo título era hereditario y pasaba al hijo primogénito varón. No era un monarca en el sentido clásico —no tenía castillo ni corona de oro— pero sí era la máxima autoridad del pueblo. El historiador Antonio Ponz escribió en 1781 que los patoneros eligieron “entre ellos a la persona de más probidad para que les gobernase y decidiese sus disputas, de cuya familia era el sucesor, llamándole Rey de los Patones”.
“Del Rey de los Patones al Rey de las Españas...”
Inicio de la carta que Juan Prieto, último Rey de Patones, envió al Rey Carlos III en 1769
Reyes que hablaban con cardenales y con el Rey de España
La figura del Rey de Patones no era tan anecdótica como podría parecer. En 1653 queda documentada una reunión entre el Rey de Patones y el Cardenal Moscoso, en la que se solicitó permiso para construir una ermita en el pueblo. El cardenal accedió, y así los vecinos dejaron de tener que caminar hasta Uceda para recibir misa. Ese edificio es el origen de la actual iglesia de San José.
Incluso el Rey Fernando VI, cuando emitía decretos para gobernadores y altos cargos, enviaba una copia aparte dirigida expresamente al “Rey de los Patones”. Una deferencia protocolar que dice mucho del reconocimiento que había alcanzado esta curiosa figura de autoridad.
Juan Prieto: el último rey
El último Rey de Patones documentado fue Juan Prieto. En 1769 tomó la pluma y escribió una carta al Rey Carlos III con un arranque que ha pasado a la historia: “Del Rey de los Patones al Rey de las Españas...”. En ella reclamaba dos cosas: la independencia administrativa de Uceda y una reducción de los impuestos abusivos que pagaban.
Carlos III respondió con una solución de compromiso. El 3 de agosto de 1769, el Consejo de Castilla concedió a Patones el título de “lugar”, con derecho a tener alguacil propio e independencia de Uceda. La contrapartida: que renunciaran a la figura del rey. Solo podía haber un soberano en España. Así acabó, de forma agridulce, la monarquía patonera.
Un legado que sigue vivo
Hoy, cuando paseas por las calles de pizarra de Patones de Arriba, esa historia sigue presente. Hay una placa conmemorativa, el nombre resuena en los carteles turísticos, y los que vivimos aquí o venimos a trabajar cada día sentimos que este lugar tiene algo especial que no se explica solo con las piedras o el paisaje.
En El Bodegón llevamos desde 1999 siendo parte de este pueblo. Hemos visto llegar a cientos de visitantes que suben la cuesta con cara de curiosidad y se marchan con cara de haber descubierto algo. Eso es Patones de Arriba: un lugar que sorprende, que cuenta historias, que tiene capas.
Si quieres venir a conocerlo de cerca, te esperamos en la Calle Arroyo, 15. Reserva tu mesa, sube al pueblo, busca la placa del rey y luego ven a comer. Hay mucho que ver, y nosotros te contamos el resto.
